Nuevas visiones de la humanidad afectan tanto a la opinión pública como al contexto sociocultural. Propuestas recientes de las ciencias biomédicas y tecnológicas, así como de disciplinas como la psicología, la economía, la sociología y la filosofía, parecen cambiar de raíz, de una vez por todas, la concepción tradicional de humanidad. La perenne ansia del hombre de querer saber sobre sí mismo y la sustancial no-deducibilidad de su ser, desemboca inevitablemente en una perspectiva infinita, que envía continuamente más allá hacia la plenitud de la verdad sobre lo humano.

En este contexto de diferentes reflexiones críticas sobre el hombre, se sitúa la teología que, por su misma fisonomía de ciencia de fe, participa teológicamente en la autorreflexión del hombre. Un tratamiento antropológico, sintético y orgánico, se constituye como teología en tiempos relativamente recientes. El evento del Concilio Vaticano II y la reflexión siguiente abrieron el camino para el diálogo entre las perspectivas cristianas tradicionales sobre lo humano y el pensamiento moderno. Críticamente repensada teniendo en cuenta los desafíos culturales, la actual configuración teológica de los temas sobre lo humano – que recibe el nombre de Antropología Teológica – es llamada a formular una respuesta estimulante. Acogiendo el reto del «giro antropológico», la teología cristiana contemporánea centra su interés específico sobre el hombre, a diferencia de cuanto sucedía en el pasado, cuando la argumentación era diluida por inspiración y método en varios tratados, con el resultado de una lectura teológica fragmentada y con escaso consenso epistemológico.

Queda así demostrado el hecho de que la presente especialización es un proyecto interdisciplinar que trata de desarrollar una antropología teológica renovada, uniendo a la preocupación por la identidad cristiana (Cristo como evento normativo para el hacerse de lo humano, o Antropología Cristiana) el interés por la relevancia de la realidad existencial, antropológica, cultural y experiencial humana (Antropología Teológica). Encontramos aquí el sentido de la relación inseparable entre antropología cristiana y antropología teológica: ambas enraízan en la fuente normativa de la fe (la Revelación) y en la referencia a la comprensión histórico-crítica que el hombre tiene de sí mismo en su época concreta (la experiencia sociocultural y religiosa). Todo el programa de estudio se estructura en torno a estos dos polos que, de modo diverso pero integrado, constituyen respectivamente su objeto material y formal.

De aquí el convencimiento de que la Antropología Teológica debe ser constituida a partir del nudo indispensable que une cristología y antropología, es decir, asumiendo el evento cristológico como «principio» y «forma» (Gestalt) cumplida por el hombre en libertad durante toda la historia. Jesucristo es el evento único y singular, históricamente verificable y efectivamente contemporáneo a cada hombre en todo tiempo. La fe en que Dios se da al hombre en Cristo comporta una determinación de ser hombre para todos los hombres (cfr. Brambilla; GS 22). Jesús es, tanto una verdad a creer, cuanto forma del creer, ya que Cristo no es solo el objeto de la fe (fides theologalis), sino que es también para la humanidad toda «forma filial» y modelo (fides Iesu).

Esta reflexión sobre el destino de la humanidad hacia Cristo y de su redención y justificación en Él, exige una referencia histórica y ontológica de la autocomprensión del hombre en la historia. En otros términos, exige conectar la verdad de Dios comunicada en Jesús al proceso a través del cual los hombres buscan libremente la verdad. La Antropología Teológica, por lo tanto, habrá de confrontarse con las distintas formas históricas con las cuales lo humano se da y se comprende en modo objetivo y evidenciar concretamente la posibilidad de relaciones (hechas de inseparabilidad y de diferencia) entre las diversas visiones culturales y religiosas y la visión específica de la fe cristiana del hombre.

Con el tríptico tradicional de creación, pecado/gracia y redención/justificación como hilo conductor, la Antropología Teológica busca desarrollar una visión fundamental coherente, orientando las diversas cuestiones-desafíos actuales: particularmente las relativas a (1) la naturaleza en el contexto de los desarrollos científicos; (2) el concepto moderno de «sujeto» como centro autónomo de conciencia y de acción; (3) la propuesta postmoderna de «diferencia» y «relacionalidad» en el mundo globalizado.

No obstante, para responder a la pregunta «¿Quién soy?», no sería suficiente un esfuerzo intelectual o una mera adhesión racional a las verdades de la fe. Una respuesta adecuada tendrá que fundarse en la «experiencia» de los bienes que el ser humano conserva en sí mismo como morada de Dios y sobre todo en la experiencia de la unión de amor con Jesucristo. En este sentido, eje fundamental de la Antropología resulta la categoría de «experiencia» sintetizada en el axioma cristológico de santa Teresa de Jesús: «Conociendo a Dios aprenderemos a conocernos a nosotros mismos» (1 Moradas 2,9). Se trata de una visión ontológica de la persona completa, ya que tal perspectiva no solamente invierte la concepción greco-occidental (es decir, la autorreferencialidad del «yo» en atención al principio de identidad aristotélico), sino también la visión personalista, en la cual es el «yo» quien va hacia un «tú». En la concepción de la mística teresiana, el «yo» proviene de un Tú (Dios) y se conoce en el «Tú» de Cristo. «Conócete en Mí» (Poesía 8) es la invitación que Teresa recibe de Cristo mismo y es en esta invitación que se sitúa la clave interpretativa de su concepción acerca de la pregunta universal sobre «quién es el hombre». El conocimiento de sí mismo en Cristo es iluminado y dinamizado por el progreso en el amor que el alma experimenta a la vez. El camino antropológico-espiritual supone afinar, purificar el amor con el fin de podernos unir a Cristo, llegar a ser perfectos en Él y poder percibir la propia imago Dei.

Finalidad

La especialización en Antropología Teológico pretende ofrecer al estudiante, a través del Programa del Segundo Ciclo, los instrumentos necesarios para elaborar una síntesis unitaria de dos principios constitutivos de la antropología clásica, es decir, el principio de la imago Dei y el que comprende al hombre como un ser trascendente y abierto. A través de un estudio profundo y contextualizado de dicha convergencia, el estudiante será capaz de discernir las diversas problemáticas actuales concernientes a la visión cristiana del hombre centrada en el concepto de persona, Dotada además de cualidades esenciales como la historicidad, la cultura, la religiosidad y la intersubjetividad.

Aptitudes – conocimientos

Terminado el recorrido del Segundo ciclo, el estudiante estará capacitado para:

– Conocer científicamente el mensaje de la Revelación cristiana sobre el ser humano e interpretar textos teológicos que hablen del mismo, en forma precisa, válida y comprensible en el contexto actual;
– Ejercitar correctamente la dialéctica en el diálogo teológico, desarrollar recorridos interdisciplinares y formular conclusiones fundadas sobre la cuestión antropológica;
– Escribir y publicar trabajos eruditos que amplíen el conocimiento de la Antropología en general en una perspectiva de fe cristiana;
– Planificar e implementar programas diversos de reflexión sobre la fe, en un diálogo definido y diferenciado con las culturas actuales, con las religiones y las confesiones cristianas.

La especialización está destinada a los estudiantes que, acabados los estudios teológicos del Ciclo Institucional, desean conseguir los grados de:

  1. Licencia en Antropología Teológica (véanse las explicaciones sobre el Segundo Ciclo en la sección “Informaciones generales”).
  2. Doctorado en Antropología Teológica (véanse las explicaciones sobre el Tercer Ciclo en la sección “Informaciones generales”).